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Wall Street Journal 5 de julio de 2000 El ano pasado, Gretchen y Johnny Navarette se enfrentaron con una serie de obstáculos al tratar de buscar una casa cerca de Dallas. No podían pagar los 8,000 dólares que los prestamistas querían que pagaran como pago inicial. “Por lo que nos dimos por vencidos”, comenta la Sra. Navarette. Lo volvieron a intentar este año. No sólo consiguieron un préstamo, sino que pagaron únicamente cerca de 1,300 dólares, 3% de los 45,000 dólares del costo de la casa. “Pensamos, wow! Esto fue más sencillo de lo que esperábamos,” agrega la Sra. Navarette de 26 años. El prestamista de los Navarette, la Unidad de Hipotecas Cendant, de Cendant Corp., inspeccionó sus antecedentes de crédito y aceptó un 3% de pago inicial, en vez del 10 o 20% tradicional. Y mientras muchos se preocupan de que la reciente expansión en los créditos puede conducir a un mayor número de incumplimientos, al contrario, esto ha permitido a miles de norteamericanos, que antes tenían poco acceso a los créditos, a tomar parte en el auge económico. Hoy más que nunca en la historia, los norteamericanos poseen una casa: 67% de los norteamericanos a finales de 1999. La semana pasada, en un estudio de la Oficina de la Reserva Federal y de Freddie Mac se informó que los porcentajes de posesión de viviendas entre las minorías y las familias de bajos ingresos han aumentado significativamente en los últimos años. Los sociólogos consideran lo anterior como una poderosa tendencia positiva. Los estudios han demostrado que los niños que crecen en casas propias tienen menos posibilidades de abandonar la escuela o de convertirse en padres adolescentes, en comparación con los que crecen en casas rentadas. Los propietarios tienden a votar y a unirse a organizaciones cívicas más que los arrendatarios. La expansión de créditos “generalmente es una buena noticia,” comenta Nicolas Retsinas, director del departamento de Joint Center for Housing Studies en la Universidad de Harvard, ya que significa que un mayor número de personas pueden poseer una casa. “Han habido abusos,” afirma, refiriéndose a los préstamos predatorios, en donde los prestamistas cobran tarifas usureras a familias de bajos ingresos. Sin embargo, la mayoría de los prestamistas son justos, agrega, y en cuanto a las preocupaciones por incumplimiento, “la gran mayoría de las personas que tienen una hipoteca la pagan.” Por supuesto que la familia Navarrete podría haber tenido problemas económicos, al igual que cualquier otro prestatario de bajos ingresos. El Sr. Navarrete de 37 años de edad, gana aproximadamente 45,000 dólares al año trabajando en una fábrica de fibra de vidrio; su esposa no tiene empleo. La pareja tiene dos hijos, una deuda de 3,000 dólares en tarjetas de crédito y únicamente 1,000 dólares ahorrados. Hace varios años, el camión del Sr. Navarrete tuvo que ser confiscado después de un accidente que lo hizo que perdiera como seis meses de trabajo. El Sr. Navarrete comenta que está pagando 445 dólares al mes por la hipoteca, cinco dólares menos que el dúplex que rentaban. La familia está encantada con su nueva casa. Desde que la compraron, el Sr. Navarrete limpió el jardín de la casa y remodeló el baño completamente, con piso e inodoro nuevo. Más adelante espera instalar ventanas contra tormentas. “Me gusta el poseer una casa porque ya sé que lo que le ponga ahora es para mí,” continúa diciendo. “Es algo por lo que uno se siente orgulloso.” Publicado originalmente en el Wall Street Journal. Derechos de autor © 2000 Dow Jones & Company, Inc. |
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